Coco y Antonia Coco, Antonia y hijos con sus parejas Coco, Antonia y sus nietos y bisnietos Coco trabando en Gomez Roco Coco cazando Daniel Vidadl, Pico Savoy, Coco y Asencio Coco pescando en río Pilcomayo

Homenaje a Don Coco, nuestro padre por siempre...

El 13 noviembre de 2010 hemos perdido un varón justo,  falleció nuestro fundador, Don Carlos Pedro Gómez. Su familia, amigos y colaboradores agradecidos por haber gozado de su presencia, guía y compañía durante ochenta y cinco años, lo recordarán eternamente.

Llegó a Salta desde el indomable Chaco cuando era pequeño, tenía sólo nueve o diez años. Provenía de una muy pobre familia de inmigrantes europeos y fue inscripto en la Escuela Alberdi para terminar la educación primaria. Ayudó a su madre a mantener su hogar desde muy niño haciendo changas. Guardaba para sí como un tesoro, el recuerdo de haber sido seleccionado por sus maestras, entre cientos de niños, debido a su hermosa entonación y buena lectura, para dar la bienvenida en nombre de las escuelas primarias de la provincia a Monseñor Roberto Tavella que, en ese entonces, se hacía cargo del flamante Arzobispado. La capacidad de lucha que había demostrado para obtener ese lugar, su espíritu dispuesto a vencer cualquier dificultad, marcaría para siempre su destino y lo llevaría a conquistar la porción de felicidad que le pertenecía.

Tuvo tres grandes pasiones: el trabajo, la naturaleza y la familia. Trabajó siempre como dijo K. Gibran “con amor, construyendo la casa con cariño, sembrando semillas con ternura y cosechando con alegría como si el ser amado fuera a habitar esa casa o a comer ese fruto”.

En sus inicios, fue un empleado fiel y diligente. Los avatares económicos lo obligaron a independizarse y en el año 1956 se convirtió en un gran emprendedor fundando Gomez Roco y Cía., una empresa que con el correr de los años se fue distinguiendo por el trabajo responsable, la calidad y el buen servicio.  Aquel comienzo no le fue fácil; solo contaba con el valor inmensurable de “su palabra” como capital más preciado. A la hora de partir dejó su empresa próspera y prestigiosa, en manos de sus hijos.

Su gran pasión, la naturaleza. Conocía cada rincón de la provincia como la palma de su mano y su espíritu aventurero lo llevó hasta más allá de los límites del país, explorando el fragoroso Bermejo y el generoso Pilcomayo;  no había una laguna que no conociera sus susurros, un recodo de río que hubiera pasado desapercibido para él o una lomada o cerro que no hubiera escuchado sus pasos sigilosos. La caza y la pesca lo atrajeron por igual. Mientras su estado físico se lo permitió cazó guaipos, perdices, charatas, corzuelas y vizcachas con certera puntería, acompañado de sus amigos  Daniel Vidal, Víctor “Pico” Savoy, Néstor Asencio y los Doctores Muro y Caprota entre otros. Se destacó como el mejor pescador de pejerrey de Salta,  aunque no le fueron ajenos dorados, bagres o truchas. Fue el maestro de pesca de muchas generaciones y su espíritu conservacionista lo llevó – ya junto a hijos, yerno, nietos y amigos - a sembrar peces en ríos y lagos.

Formó junto a su esposa,  Antonia Puertas, una familia digna. Lo hizo con esmero, dedicación y sacrificio, pensando siempre que los sacrificios se hacen por amor. Puso en ella los límites y la guía orientadora de la probidad y rectitud, al mismo tiempo que enaltecía la generosidad. Sus tres hijos, profesionales ellos, valoran hoy que la vida de su padre se ha apagado, que les haya dado de comer primero y que después metafórica y literalmente les haya enseñado a pescar.

Marilyn Gómez de Mahr

Salta, noviembre de 2010

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